14 abr. 2011

Llenaste mis días de sonrisa, elegí que tu olor era el que mejor le venía a mis sábanas, yo elegí que me comieras a besos, elegí tu voz al otro lado del teléfono, elegí llorar por ti de vez en cuando, elegí creerme tus verdades y creerme a medias tus mentiras, elegí que no quería otros abrazos, que no quería otras manos agarradas a las mías, que no quería ver por la mañana otra cara que no fuera la tuya, elegí nuestro mes del año y nuestro día del mes, elegí que tu fueras mi locura y mi cordura, elegí llenar el silencio de la noche de nuestra risas, elegí las idas y venidas, las despedidas, elegí la importancia, la incertidumbre y tus dudas, elegí el miedo a fallar y los impulsos, elegí las miradas, elegí temblar, elegí hacerme adicta a tus palabras, al corte de tu voz.
Y supongo que esto significa amar: a veces duele, casi siempre sonríes, y hay cosas que debes dejar pasar, pero ¿qué es un sólo beso comparado con los cientos de miles que nos hemos dado, y los miles de millones que nos quedan?